2. SENTARSE A MEDITAR

La postura formal de meditación

Muchas son las posturas que usamos para meditar. Sentados en un cojín, sentados simplemente en una silla, tumbados, caminando, etc. El maestro zen, Doc The, comenta que sentarse es una de las mejores posturas formales y que ha de hacerse con la espalda erguida. La postura debe facilitar la máxima inmovilidad posible.

Podemos sentarnos en un silla con los pies apoyados en el suelo y las manos sobre los muslos (no aconsejo en minfulness, sobretodo en los inicios, ninguna postura con las manos tipo mudra de la armonía, mudra del vacío, mudra del amor, mudra de la energía, etc.) Podemos sentarnos sobre un cojín con las piernas cruzadas, posición de loto o semi-loto. En todos los casos sugiero que nos sentemos en el borde de la silla/cojín para así inclinar un poco la cintura hacia adelante y facilitar la respiración abdominal.

La postura tumbada no es la mejor postura para comenzar ya que es más fácil adormilarnos. Recordad que una posición que invite al sueño impide una atención plena. No obstante, cuando tengas más “horas de silencio a tus espaldas” la postura de meditación no será tan importante y descubrirás que estar tumbados es también una buena forma de meditar.

Entorna la cabeza metiendo el mentón, inclinando la mirada aproximadamente a un metro y medio del suelo, con los ojos cerrados o semicerrados. Te aconsejo que además, dibujes en tu cara una pequeña sonrisa.

Es importante que mantengas la postura inmóvil en todo el tiempo de meditación. Al principio sentirás dolor e incluso te pelearás por mantener la postura formal. Tu cerebro te pedirá que cambies la postura, es a lo que está acostumbrado. Intenta no hacerlo, pero tampoco pasa nada si te mueves. Tanto si lo haces, como si no, intenta no juzgarte. Lo importante es que prestes atención a tus pensamientos, al dolor que sientes, a las emociones que surjan y hacerlo con ecuanimidad, dejanso ir los juicios. Sé libre de elegir moverte o no hacerlo. Si tu cuerpo se mueve automáticamente, sé consciente de lo ocurrido e intenta volver a la postura inicial con amabilidad.

Es bueno, que al principio te pongas una app en el móvil para que cada cierto tiempo suene una campana (por ejemplo cada cinco minutos). Esta señal puede servirnos, además de para volver al momento presente, como llamada para revisar nuestra postura. Si vemos que se ha relajado la misma, con ecuanimidad volvemos a la postura inicial. Podemos utilizar la app Insight Timer (Android, IOS).

El hábito de sentarse a meditar

Cuando se establece un hábito de meditar, se deja de pensar. Ya no nos asaltan preguntas como ¿voy a meditar ahora? ¿me apetece? Nos ponemos a meditar y ya está. Como dice el Mago More en su libro Superpoderes del éxito para gente normal: el hábito no consume nuestra fuerza de voluntad. Tenemos que enseñar a nuestro cerebro a no gastar la enorme energía que supone la fuerza de voluntad.

El mejor consejo que os puedo dar es el fijaros una meta fácil de conseguir. Si decimos a nuestro cerebro: “vamos a meditar 20 minutos” nos va a costar muchísimo. Pero, ¿ y si decimos a nuestra mente “siéntate en postura de meditación unos segundos”? Veréis que apenas tenéis que gastar fuerza de voluntad. Después, una vez sentado, seguro que continuar con la meditación será mucho más fácil. Generar el hábito de sentarse unos segundos es muy, muy fácil., ya veréis.

La rutina de sentarse a meditar siempre a la misma hora también ayuda mucho al principio.

A la hora de generar el hábito de sentarse a meditar es muy importante el poder de las tres P: prudencia, paciencia y perseverancia.

Prudencia: vuestra meta a la hora de meditar debe ser factible. Empezar con meditaciones de 3/5/10 minutos es más prudente que hacerlo con meditaciones más largas. Por otro lado, no esperes nada de la meditación, no busques ningún resultado. En esto hay que ser especialmente prudentes. No hacerlo te generará inquietud y te llevará a hacer juicios absurdos. Decía Pablo d´Ors en su obra Biografía del silencio que “la meditación es una disciplina para acrecentar la confianza. Uno se sienta y ¿qué hace? Confía. La meditación es una práctica de espera. Pero ¿qué se espera? Nada”… “Si se espera algo concreto, esa espera no tendría valor, pues estaría alentada por el deseo de algo de lo que se carece”.

Paciencia: el hábito no se crea de un día para otro, tu mente se va a inquietar, te dolerán las dorsales, el pecho, las piernas. Tu mente al no estar acostumbrada, te mostrará un aburrimiento infinito, quedarás atrapado en alguna idea obsesiva, algún recuerdo, te bombardeará con recurrentes miedos, te picará todo el cuerpo. No luches, acepta, ten paciencia, tu cerebro necesita tiempo para cambiar. Recuerda, al principio la meditación puede resultar incómoda física y mentalmente. Tu cerebro está acostumbrado a buscar soluciones, a parlotear, a pensar en el pasado o en el futuro, a soñar; por lo que la práctica del silencio puede resultar frustrante. Ver lo que es la realidad, en vez de lo que me gustaría que fuera y no reaccionar como de costumbre, a la defensiva, resulta al principio, desolador. Paciencia, mucha paciencia, tarde o temprano la desolación tornará en liberación.

Perseverancia: medita todos los días, aunque solo sean unos minutos. Si tenemos un día muy liado, es mejor meditar un minuto que no meditar.  Incluso hay maestros que dicen que cuanto más ocupado estés, más razones hay para ponerse a meditar.

Existen algunas app que pueden ayudarnos a trabajar el hábito de meditar. Por ejemplo, Goal Tracker & Habit List para Android o Strides Habit Tracker para IOS. La app Superpoderes del Mago More (Android e IOS) también puede ser de mucha utilidad. Pero, ojo, si las utilizas y te generan ansiedad o frustración en vez de motivación, toma distancia, son solo herramientas.

Por último, la alarma del móvil es una buena app para recordar el momento del día que has elegido para meditar.

¿Hemos conseguido sentarnos a meditar? Entonces, bienvenidos al apasionante mundo de la atención plena.

 

 

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